Gerhard Richter: Tres obras para entender su caos brillante

Publicado por: Cecilia F. Yegros En: Artes En: Comentario: 0 favorite Golpear: 56

Gerhard Richter hace que la pintura parezca fácil… hasta que intentas entenderla

El artista alemán un día está obsesionado con la nitidez fotográfica; al siguiente, raspando metros de color con una espátula gigante como si buscara algo enterrado en la tela. Y aun así, todo tiene sentido en él: lo que pinta es lo que ve, y lo que ve es tan cambiante como su propia historia.

Aquí van tres obras que resumen esa energía, sin pretender abarcarlo todo, pero sí mostrar las tres brújulas que siempre lo guían: el color, la memoria y la intuición.

1. 1024 Farben (1973–1974) — Cuando el color manda

Antes de que Richter fuera el rey de las abstracciones “raspadas”, experimentó con algo aparentemente simple: poner colores uno al lado del otro y dejar que hablen entre ellos.

1024 Farben es justo eso: una cuadrícula infinita donde cada recuadro es un color autónomo, elegido casi al azar. Pero lo interesante no es la cuadrícula (que podría parecer un ejercicio escolar), sino lo que pasa cuando la miras: te das cuenta de que Richter está retirando su mano del protagonismo. No hay drama, no hay gesto emocional, no hay narrativa… solo color puro comportándose como color.

Es Richter jugando a ordenar el caos sin domesticarlo del todo. Una especie de “respiro mental” dentro de su propio universo.

2. Seascape (Slightly Cloudy) (1969) — Un paisaje que no quiere ser paisaje

Aquí Richter hace lo opuesto: pasa del color-por-el-color a una imagen casi fotográfica.

Un mar quieto, un cielo que apenas promete tormenta, una línea del horizonte que parece eterna.

Pero lo más rico de esta obra no es su realismo, sino la sensación de que algo falta: como si fuera un recuerdo brumoso o un sueño visto de lejos. Richter no pinta el mar real, pinta lo que el mar hace en tu cabeza cuando lo recuerdas.

Es sutil, es melancólico y es uno de sus mejores recordatorios de que las imágenes no son la realidad, sino su eco.

3. Abstraktes Bild (809-1) (1994) — El gesto convertido en explosión

Este es el Richter más conocido: el de los abstractos vertiginosos, llenos de capas, raspaduras, manchas, accidentes felices y decisiones que parecen impulsivas… pero que tienen un equilibrio sorprendente.

Con Abstraktes Bild (809-1) sientes que estás viendo procesos, no solo pintura. Líneas ocultas, colores que emergen y se tapan, texturas que parecen querer salirse del lienzo. Es Richter trabajando con el error, con la fricción, con lo impredecible.

Aquí su técnica es puro instinto, pero el resultado tiene una sofisticación que nadie ha logrado imitar del todo.

Hablar de Gerhard Richter es aceptar que ningún estilo lo contiene ya que puede ser matemático con el color, poético con el mar, explosivo con la abstracción… todo en un mismo respiro. Eso lo vuelve un artista imposible de encasillar, pero justo ahí está su encanto: cada obra es un experimento, una pregunta, una duda abierta.

Si algo nos dejan estas tres piezas es la sensación de que Richter no busca respuestas definitivas, sino momentos de claridad dentro del caos. Y quizá por eso su obra sigue atrayendo —porque nos invita a mirar, pero también a perdernos un poco en lo que vemos.

Imágenes y de portada: Gerhard Richter

Comments

No comment at this time!

Leave your comment

Domingo Lunes Martes Miercoles Jueves Viernes Sábado Enero Febrero Marzo Abril Mayo Junio Julio Agosto Septiembre Octubre Noviembre Diciembre